Las gasas pueden ayudar a absorber el líquido y secar la piel que rodea la lesión sin frotar directamente sobre ella. Después, un apósito adecuado permite proteger la herida de la suciedad y el roce. Te explicamos cómo hacerlo y qué debes tener en cuenta en cada caso.
En resumen:
- Lávate las manos antes de limpiar la herida para evitar contaminar la zona lesionada.
- Aclara la herida con agua corriente limpia o suero fisiológico para retirar la suciedad superficial sin irritar el tejido.
- Seca suavemente la piel de alrededor con una gasa limpia, evitando frotar directamente sobre la lesión. Las gasas absorbentes pueden ayudar a retirar el exceso de humedad.
- Protege la herida con un apósito adecuado para evitar el contacto con la suciedad y el roce. Cámbialo si se moja, se ensucia o se despega.
- Evita aplicar alcohol, agua oxigenada u otros antisépticos de forma rutinaria sobre una herida abierta sin indicación sanitaria, ya que pueden irritar el tejido lesionado.
- Busca atención sanitaria si la herida es profunda o extensa, contiene suciedad incrustada, presenta signos de infección o el sangrado no se detiene con presión directa.