Al envejecer, la disminución en la producción de colágeno y elastina, así como una reducción en la renovación celular, hacen que la piel sea más fina, menos elástica y más propensa a dañarse. Además, disminuye la velocidad de cicatrización debido a que las células endoteliales vasculares, epiteliales y los fibroblastos pierden capacidad de acción.
Por lo que la formación de nuevo tejido es más lenta y cualquier herida, incluso las más pequeñas, tardan más tiempo en cerrarse y sanar adecuadamente. Esto aumenta el riesgo de infección y de complicaciones, por ejemplo, que las heridas se vuelvan crónicas.
Así cualquier herida, desde pequeños cortes accidentales hasta incisiones quirúrgicas, pasa a requerir un cuidado especial y a ser una preocupación importante en la salud de las personas mayores.