Prevenir infecciones se consigue limpiando, desinfectando y cubriendo la herida desde el principio. Y recuerda que tus sentidos son tus mejores guías: si la herida presenta una buena apariencia, no tiene mal olor, no duele al tacto… lo más probable es que esté sanando o en el buen camino.
No obstante, las heridas postoperatorias pueden tener un proceso de cicatrización mucho más largo, ya que se tratan de incisiones más profundas, y tienen un mayor riesgo de infección. Por ello, es importante que sigas las pautas médicas que te indique tu profesional de la salud.
En definitiva, con pequeños gestos como limpiar adecuadamente una herida u optar por los apósitos adecuados puedes marcar la diferencia en el proceso de curación de cualquier herida. En tus manos está evitar complicaciones, prevenir infecciones y cuidar tu piel.