La picadura de abeja se produce cuando este insecto polinizador clava su aguijón en la piel humana como un instinto natural de defensa al sentirse amenazado. A diferencia de otros insectos, la anatomía de la abeja hace que su aguijón tenga una forma dentada, similar a una pequeña sierra.
Debido a esta estructura, cuando la abeja ataca, el aguijón suele quedar incrustado en la epidermis de la víctima, desgarrándose del cuerpo del insecto. Esto provoca que el saco de veneno adherido al aguijón siga liberando toxinas debajo de la piel durante unos segundos o incluso minutos si no se retira a tiempo. Este tipo de reacción suele ser local en la mayoría de los casos, afectando únicamente a la capa superficial de la piel, aunque en personas sensibles al veneno puede desencadenar respuestas inmunitarias mucho más intensas.